Partículas invisibles, impacto real: los desafíos del microplástico y el papel como alternativa sostenible
Presentes en océanos, ríos e incluso en el cuerpo humano, los microplásticos se consolidan como una de las mayores amenazas ambientales del siglo
Cada día, miles de millones de partículas invisibles circulan por el aire, se acumulan en el agua y llegan incluso a nuestra alimentación. Son los microplásticos, fragmentos de menos de 5 milímetros que ya se han encontrado en océanos, ríos, suelos agrícolas e incluso en el cuerpo humano — incluyendo sangre, placenta y pulmones, según un estudio publicado por la Harvard T.H. Chan School of Public Health.
De acuerdo con el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA), alrededor de 2,7 millones de toneladas de microplásticos fueron liberadas en el medio ambiente solo en 2020, y esa cifra podría duplicarse para 2040 si nada cambia. La misma institución advierte que, al menos, 267 especies ya han sido documentadas como afectadas por el plástico, entre ellas tortugas, aves y mamíferos marinos.
Un informe citado por la Harvard T.H. Chan School of Public Health estima que cada persona ingiere entre 39 mil y 52 mil partículas plásticas por año solo a través de la alimentación. Los efectos en el organismo aún están en estudio, pero ya se señalan riesgos como inflamaciones, estrés oxidativo y disfunciones inmunológicas.
EL PAPEL DE LOS ENVASES EN EL PROBLEMA
Gran parte de este escenario tiene origen en los envases plásticos, en especial los de un solo uso, que rápidamente se fragmentan en partículas persistentes. Nilton Saraiva, CEO de Ibema, destaca: “Los envases plásticos, que son considerados ‘plásticos de un solo uso’, contribuyen de forma significativa al problema de los microplásticos, ya que su fragmentación genera partículas que persisten en el medio ambiente durante décadas, por no decir siglos. Estos residuos impactan la biodiversidad marina, la calidad del agua, del suelo e incluso la salud humana”.
Según Saraiva, aunque en algunos sectores, como el hospitalario, la sustitución del plástico es compleja, en el campo de los envases es ampliamente viable.
“Por más que el plástico sea reciclable, la tasa de este material que efectivamente se recicla es relativamente baja. Por eso, creemos que la transición hacia alternativas ambientalmente amigables, como el papel, es urgente”.
EL POTENCIAL DEL PAPEL COMO ALTERNATIVA
Los estudios científicos señalan que el papel, por ser biodegradable y renovable, no genera partículas persistentes como el plástico. Esa es la apuesta de Ibema, que ha ampliado su línea de papeles reciclados y de fibra virgen procedente de manejo sostenible.
“El papel se diferencia porque es de origen renovable, biodegradable y ampliamente reciclable. A diferencia de los plásticos, no se fragmenta en partículas persistentes en el medio ambiente. Además, la tecnología ha avanzado de forma considerable para ampliar las aplicaciones del papel”, explica Saraiva.
Un ejemplo es el Ibema Ritagli, cartón que contiene un 55% de fibras recicladas, de las cuales un 35% provienen de posconsumo. Para el ejecutivo, esto demuestra que el ciclo del envase no termina en el consumo del producto, sino que puede renovarse continuamente.
ALIANZAS EN DEFENSA DE LOS OCÉANOS
Ibema también ha buscado ampliar el debate público sobre el tema. Una de las iniciativas es la alianza con el proyecto Voz de los Océanos, liderado por la familia Schurmann, que recorre el mundo alertando sobre la contaminación plástica.
“Al apoyar la Voz de los Océanos, Ibema fortalece su compromiso de ampliar la concienciación sobre la contaminación plástica y estimular cambios de comportamiento en toda la sociedad. Junto con la Voz de los Océanos, reforzamos nuestro posicionamiento de ser parte activa de la solución, desarrollando envases más sostenibles e involucrando a consumidores, marcas y comunidades en la lucha contra los microplásticos”.
Saraiva recuerda además que los mares desempeñan un papel vital en la absorción de dióxido de carbono y, por lo tanto, en el equilibrio climático. “Cambiar esta realidad mueve a Ibema”, afirma.
DESAFÍOS Y OPORTUNIDADES EN LA TRANSICIÓN
A pesar de las ventajas del papel, la sustitución no ocurre sin obstáculos. Entre ellos se encuentran los costos de innovación, la adecuación regulatoria y la resistencia del mercado.
“Entre los principales desafíos están la adecuación regulatoria, los costos de innovación y la necesidad de romper paradigmas de mercado, ya que muchas industrias aún ven al plástico como insustituible. El lobby de la industria petroquímica también sigue siendo bastante fuerte”, observa el CEO de Ibema.
Al mismo tiempo, señala oportunidades: consumidores más conscientes, legislaciones favorables y nuevas tecnologías que hacen que el papel sea competitivo frente al plástico.
CAMINOS HACIA EL FUTURO
Estudios divulgados por la Agencia de Protección Ambiental de Estados Unidos (EPA) refuerzan que los plásticos pueden tardar entre 100 y 1.000 años en descomponerse, lo que evidencia la dificultad de eliminar los microplásticos ya existentes. Ante esto, los especialistas defienden que la principal estrategia está en la prevención: reducir la generación de residuos plásticos desde el origen.
“Creemos que la combinación entre innovación orientada al desarrollo de materiales renovables, ampliación de la infraestructura de reciclaje y políticas públicas consistentes es el camino. Soluciones como envases de papel más resistentes, sistemas de logística inversa, fortalecimiento de la economía circular y consolidación de la educación ambiental son estrategias fundamentales”, afirma Saraiva.
En el horizonte, el desafío es equilibrar innovación, costo y escala productiva. El consenso entre científicos y empresas es que ningún material por sí solo resolverá el problema — será necesaria una combinación de tecnología, política pública y cambio cultural.
Los microplásticos ya son una marca de la era contemporánea, un vestigio que podría permanecer durante siglos en los océanos, los suelos e incluso en los cuerpos humanos. La transición hacia alternativas como el papel no elimina por sí sola el desafío, pero puede reducir significativamente la contribución de los envases al problema.
Como resume Nilton Saraiva, “nuestro propósito es transformar vidas, cuidar la naturaleza y embalar el futuro”.









