Agua de proceso: cierre de circuitos y la necesidad de madurez técnica
Por Júlia Gabriela Dick, Coordinadora de Producción de Papel en Trombini Embalagens S/A y magíster en Ingeniería y Ciencias Ambientales
En los últimos años, la industria de embalajes, especialmente en el segmento de papel, ha transformado la reducción del consumo de agua en un indicador relevante de eficiencia. Cerrar circuitos se ha convertido en sinónimo de avance técnico y compromiso ambiental. Pero hay una pregunta que debe plantearse: ¿estamos técnicamente preparados para sostener sistemas cada vez más cerrados?
Reducir el consumo hídrico resulta relativamente simple cuando se analiza de forma aislada. El desafío comienza a continuación.
Cuanto más se cierra el sistema, mayor es la concentración de lo que antes se diluía o descartaba: sólidos disueltos, materia orgánica, sales, aditivos residuales y carga microbiológica. El agua deja de ser solo un vehículo de fibras y pasa a actuar como un componente activo del proceso, interactuando química y biológicamente con todo el sistema.
En este ciclo cerrado, cada parámetro fuera de control trae consecuencias al circuito. La conductividad elevada altera la retención, el drenaje y modifica la eficiencia de los aditivos. El aumento de materia orgánica disuelta favorece el desarrollo microbiológico y la formación de biopelículas, que impactan directamente en la eficiencia de la máquina y en la frecuencia de paradas. La formación de espuma, depósitos, olores y variaciones de calidad dejan de ser eventos aislados y pasan a ser señales de un sistema saturado.
Aun así, en muchas operaciones, la reducción del consumo hídrico fue celebrada antes de que el sistema estuviera estructuralmente preparado para absorber esta nueva carga química y biológica. El resultado no es solo una mayor variabilidad del proceso, sino una operación cada vez menos predecible.
La gestión del agua de proceso no se resuelve con un aumento puntual de la dosificación química. Exige una visión sistémica: comprensión de los puntos de acumulación, monitoreo microbiológico recurrente, correlación entre variables químicas y desempeño de la máquina, definición de límites operativos realistas y toma de decisiones basada en datos.
La gestión hídrica, por lo tanto, debe ir acompañada de madurez técnica. En sistemas cada vez más cerrados, la eficiencia sin dominio técnico no representa un avance; representa exposición a riesgos que, muchas veces, solo se revelan en la estabilidad de la máquina y en la calidad del producto final.
Al observar el futuro de la industria de embalajes, el agua de proceso debe ser reconocida no solo como un indicador ambiental, sino como una variable estratégica de producción. Más que reducir el consumo, el desafío radica en comprender y dominar la complejidad que el propio sistema presenta.



