NoticiasReportaje especial

Por qué el cartón se ha convertido en el eslabón más complejo de la impresión digital en envases

Jacques Gimenes, head de I+D e Innovación de la Ibema, explica cómo la industria ha adaptado los sustratos para responder a las demandas del inkjet sin perder desempeño en offset, rotograbado y flexografía

La convivencia entre offset, flexografía e impresión digital en el segmento de cartón plegable ha dejado de ser una cuestión de elección entre tecnologías competidoras para convertirse en un desafío de ingeniería de sustrato. El cartón, que durante décadas fue optimizado para responder bien a las tres tecnologías tradicionales de impresión, ahora necesita dialogar con una lógica completamente distinta: la del chorro de tinta, en la que la interacción entre cabezal, tinta y superficie redefine lo que se entiende por calidad de impresión.

Para Jacques Gimenes, head de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) de Ibema, este desajuste es, en gran medida, una herencia del propio éxito de la industria al adaptar el cartón estucado al offset, al rotograbado y a la flexografía. «Podemos afirmar que un buen cartón estucado rinde bien en estos principales tipos de impresión», afirma. Alcanzar este nivel, según él, requirió décadas de ajustes en mezclas de pigmentos, tipos y dosificaciones de látex, aditivos funcionales, parámetros de absorción de agua y tinta, secado, retención de agua, resistencia y energía superficial.

El problema es que toda esta optimización para las tecnologías consolidadas crea, inevitablemente, un punto de tensión cuando el sustrato se encuentra con el inkjet. Gimenes explica que el mercado ya ofrece productos certificados para sistemas como HP Indigo —tecnología en la que Ibema fue pionera en Brasil, al lanzar Ibema Digital en 2018—, pero la estrategia de la empresa ha sido otra. En lugar de mantener un producto dedicado a la impresión digital, la compañía optó por adaptar la mayor parte de su portafolio, considerando la complejidad de las demandas de envases rígidos, que incluyen categorías como GC1, GC2, cartones reciclados, SBS, cupstock y FSB, entre otras. «Tuvimos buenos resultados de nuestros productos en impresión digital, pero aun así siempre recomendamos evaluar un volumen piloto para entender el desempeño en cada situación», señala, destacando la combinación entre equipo, arte gráfico y cartón como una variable decisiva.

TOPOGRAFÍA E INTERACCIÓN TINTA-SUSTRATO: LAS DOS LÍNEAS DE DESARROLLO

Las acciones de Ibema para atender las demandas del inkjet se concentran en dos frentes técnicos. El primero es la topografía de la hoja, que debe ser lo más uniforme posible. Para ello, la empresa ha trabajado en mejoras en la formación de la hoja, en el desarrollo de cuchillas para el coater con mejor calidad de acabado y en la optimización del proceso de calandrado. El resultado ya se refleja en indicadores como PPS y rugosidad Bendtsen: para aplicaciones en impresión digital, el rango deseable de PPS se sitúa entre 1 y 1,5 micrómetros.

El segundo frente es la interacción entre sustrato y tinta, punto en el que la receptividad del cartón define gran parte de la calidad percibida. En este aspecto, Ibema ha desarrollado mezclas de pigmentos más finos y con mayor opacidad, ha reducido la porosidad y ha ajustado la absorción de tinta en el recubrimiento, siempre con el objetivo de mantener la tinta en la superficie del cartón. «Entender la velocidad ideal de penetración de la tinta en el coating permitirá una mejor reproducción de colores y evitará problemas de secado», detalla Gimenes. También recuerda que algunos sistemas de impresión aplican un primer sobre el cartón, lo que facilita significativamente su desempeño en el entorno digital.

DÓNDE LA IMPRESIÓN DIGITAL COMIENZA A COMPENSAR

Si desde el punto de vista técnico el desafío es garantizar que el sustrato responda bien a distintas tecnologías, desde el punto de vista económico la cuestión es otra: ¿en qué momento la impresión digital se convierte en la opción más racional para envases de cartón? Gimenes adopta cautela al responder. Según él, los fabricantes de equipos de impresión digital presentan estos puntos de equilibrio de forma relativamente objetiva, pero es necesario tratarlos como rangos indicativos y no como límites absolutos.

Los rangos más aceptados por el mercado, explica el ejecutivo, sitúan a la impresión digital con ventaja frente al offset en tiradas de tres a siete mil hojas, con un promedio inferior a cinco mil. En la comparación con la flexografía, el digital tiende a ser favorecido en tiradas de ocho a 15 mil unidades, con un promedio inferior a diez mil. «Es fundamental entender los costos de cada imprenta, número de colores, costos de mantenimiento, nivel de automatización y headcount, entre otros factores», añade, subrayando que cada aplicación presenta particularidades.

GESTIÓN DEL COLOR: EL ESLABÓN CRÍTICO DE LA CADENA

Con marcas globales exigiendo consistencia de color entre imprentas, regiones y distintas tecnologías de impresión, la gestión del color se ha convertido en uno de los eslabones más sensibles de toda la cadena del cartón plegable. Para Gimenes, el papel del fabricante de cartón comienza incluso antes de que el sustrato llegue a la imprenta. «Ibema busca la estabilización del color y la tonalidad del cartón. Contamos con productos que se ofrecen con rangos muy estrechos de Delta E», afirma.

Además de la estabilidad cromática del propio cartón, el ejecutivo enumera una serie de atributos que funcionan como requisitos previos para la operación del convertidor: una superficie con estabilidad en la inmovilización de las tintas, estabilidad en el registro, buena respuesta al aumento de punto y ausencia de marmoleado. Todo ello, según explica, solo es posible cuando existe estabilidad en la formulación de la masa y del recubrimiento. «Esto permite un producto con menos desafíos en el proceso de impresión», resume.

En definitiva, el mensaje que surge de la conversación con Gimenes es que el cartón vive actualmente un momento de transición silenciosa. Las tres tecnologías tradicionales de impresión continúan definiendo gran parte de las exigencias del sustrato, pero la impresión digital introduce una nueva capa de complejidad, que exige a la industria un equilibrio entre adaptar el portafolio existente y desarrollar soluciones específicas, sin perder de vista la diversidad de aplicaciones que caracteriza al mercado de envases rígidos.

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