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Nielsen analiza las transformaciones del consumo en Chile durante el Packaging Summit Latinoamérica 2025

Ana María Palma, manager asociada de Small Business Media Chile de Nielsen, presentó un panorama estratégico sobre los cambios en el comportamiento del consumidor

El Packaging Summit Latinoamérica 2025, realizado en Santiago de Chile, reunió a los principales players, convertidores, proveedores y expertos de la industria con el objetivo de analizar tendencias y proyectar el futuro del sector.

En este escenario, Ana María Palma, manager asociada de Small Business Media Chile de Nielsen, brindó una exposición clave titulada Panorama del consumo en Chile, que captó la atención de los asistentes por su mirada integral y estratégica sobre el comportamiento del consumidor.

Su participación no solo resaltó la importancia de generar espacios de inclusión y diversidad dentro del sector, sino también de seguir trabajando en estrategias que fortalezcan la competitividad y la sostenibilidad de la industria del empaque en América Latina.

INFLACIÓN Y PÉRDIDA DE PODER ADQUISITIVO: UN GOLPE DIRECTO AL BOLSILLO CHILENO

Ana María Palma abrió su presentación en el Packaging Summit Latinoamérica con un análisis crudo sobre las tendencias macroeconómicas que han redefinido el consumo en Chile. Según explicó, aunque la inflación ha comenzado a mostrar signos de estabilización, su impacto ya dejó cicatrices profundas en el bolsillo de los hogares. La ejecutiva mostró cómo, entre 2022 y 2023, los precios de la canasta Nielsen compuesta por 73 categorías de alimentos y productos básicos aumentaron de manera más acelerada que el Índice de Precios al Consumidor (IPC) general. “La inflación puede estar dando señales de estabilización, pero sobre una base que ya es demasiado alta. Ese efecto no se borra y sigue condicionando la manera en que compran los chilenos”, afirmó Palma.

El golpe más fuerte se sintió en los alimentos, que representan dos tercios del gasto de las familias chilenas. De acuerdo con los datos expuestos, el encarecimiento de productos básicos no solo deterioró el poder adquisitivo, sino que también alteró profundamente la estructura de consumo. “Hoy el consumidor se ve obligado a priorizar lo esencial, ajustar su lista de compras y reducir la cantidad de productos en cada carrito”, señaló la ejecutiva, explicando que esta tendencia se refleja en una caída de más del 10% en el número de unidades adquiridas por ocasión de compra. El alza en los precios generó carritos más pequeños, pero también visitas más frecuentes a los puntos de venta, lo que obliga al retail a replantear sus estrategias de surtido y exhibición.

El impacto no se limita al presente, sino que marca un cambio de hábitos en el largo plazo. Según Nielsen, un 61 % de los consumidores evita adquirir artículos que no sean de primera necesidad, mientras que el 57% declara que planea gastar menos que el año anterior. La planificación se volvió clave: más de la mitad de los hogares acude al supermercado con listas detalladas para evitar compras impulsivas y proteger su presupuesto. Este comportamiento, descrito por Palma como “una compra más racional, planificada e intencional”, redefine la relación de las marcas con sus clientes.

A ello se suma el creciente cuestionamiento hacia la fidelidad de marca. Palma advirtió que, si en 2019 un 50 % de los chilenos consideraba la marca como factor decisivo al momento de comprar, hoy esa cifra cayó al 35%. En paralelo, casi la mitad de los consumidores se animó a probar marcas que antes no estaban en su radar, abriendo espacio para el crecimiento de marcas emergentes y privadas. “El consumidor chileno dejó de ser cautivo de las marcas tradicionales. Ahora busca la mejor relación precio-calidad y no duda en cambiar si encuentra una opción más conveniente”, enfatizó.

Finalmente, Palma subrayó que el escenario actual presenta tanto desafíos como oportunidades. Las promociones y los precios “mágicos” aquellos que generan la percepción de un buen negocio se consolidan como verdaderos motores de decisión de compra, al mismo nivel que la calidad percibida. Para la ejecutiva, el mensaje es claro: “La pérdida de poder adquisitivo es real y transversal. La única forma de enfrentarla es con estrategias de flexibilidad, innovación y cercanía, entendiendo que cada visita a la góndola es una nueva oportunidad de conexión con el consumidor”.

UN PAÍS QUE ENVEJECE: IMPACTO DEMOGRÁFICO EN EL CONSUMO

Ana María Palma destacó que Chile atraviesa un proceso de envejecimiento poblacional acelerado, con proyecciones que cambiarán de manera estructural el consumo en las próximas décadas. Según las proyecciones demográficas, para 2050 la mayor concentración etaria se ubicará entre los 50 y 70 años, desplazando el protagonismo de los rangos más jóvenes que predominaban en la década de 1990. Este fenómeno tiene consecuencias directas en la manera en que se configuran las canastas de consumo, las categorías prioritarias y los patrones de gasto de los hogares.

La ejecutiva subrayó que el retardo en la maternidad es otro factor decisivo en la transformación del mercado. Actualmente, la edad promedio de las madres al momento de tener hijos se ubica entre los 27 y 36 años, pero para 2050 se proyecta que este rango se desplazará hacia los 31 y 38 años. Esta postergación implica hogares con menos hijos, pero con mayor capacidad de inversión en productos especializados, así como un consumo más planificado y racionalizado en torno a categorías clave como salud, educación, bienestar y conveniencia.

Otro fenómeno en ascenso es el crecimiento de los hogares unipersonales. En los últimos 30 años, este tipo de núcleo se quintuplicó, pasando de 273 mil a casi 1,5 millones de hogares conformados por una sola persona. A esto se suma el aumento de hogares integrados únicamente por adultos mayores de 65 años, que también crecieron cinco veces en el mismo período. Estos cambios no solo alteran la dinámica familiar, sino que redefinen el consumo cotidiano, privilegiando productos en formatos más pequeños, soluciones prácticas y servicios personalizados.

El envejecimiento poblacional, combinado con la baja natalidad, proyecta un mercado orientado al adulto mayor, con demandas crecientes en salud, cuidado personal, alimentación funcional, vivienda adaptada y servicios de acompañamiento. Para las empresas de consumo masivo y los fabricantes de empaques, este escenario plantea la necesidad de innovar en envases accesibles, sostenibles y adaptados a un consumidor con nuevas necesidades físicas y de estilo de vida.

GENERACIÓN Z VS. BABY BOOMERS: VALORES QUE DIVIDEN AL MERCADO

En su presentación, Ana María Palma subrayó la importancia de comprender las diferencias generacionales para anticipar tendencias de consumo y diseñar estrategias adecuadas. En un extremo del espectro se encuentra la Generación Z (15 a 30 años), caracterizada por ser más tecnológica, inclusiva y abierta al cambio, con un alto nivel de digitalización en su vida diaria. En el otro extremo están los baby boomers (más de 58 años), quienes mantienen un perfil más tradicional y conservador, priorizando la seguridad, la familia y la estabilidad económica.

La Generación Z se distingue por su fuerte conexión con las redes sociales y los dispositivos móviles, que median casi todas sus decisiones de compra. Para este grupo, la información fluye en tiempo real: comparan precios online y en tienda, consultan reseñas digitales y valoran el impacto social y ambiental de las marcas. Además, muestran mayor preocupación por la inclusión, la equidad de género y la diversidad cultural, aspectos que consideran centrales al elegir productos y servicios. Aunque son menos propensos a restringirse en ciertos gastos, presentan altos niveles de ansiedad por la falta de seguridad económica y laboral, lo que influye en sus hábitos de consumo.

Por el contrario, los baby boomers confían más en las marcas tradicionales y prefieren los canales físicos de compra. Su consumo se enfoca en la estabilidad y la relación de confianza con marcas conocidas, mostrando mayor aversión al riesgo y menor apertura hacia opciones emergentes. Para este segmento, la delincuencia, la corrupción y la jubilación figuran entre las principales preocupaciones, lo que refuerza su perfil conservador y su inclinación hacia productos y servicios que transmitan seguridad y fiabilidad.

Palma advirtió que estas diferencias no son pasajeras ni se diluirán con el tiempo: “No podemos esperar que la Generación Z se convierta en los baby boomers del futuro. Sus valores son distintos y marcarán tendencias permanentes”. Este contraste plantea un desafío para las empresas, que deberán segmentar y diseñar propuestas multigeneracionales, adaptando desde la comunicación de marca hasta el diseño de packaging, de manera que resuenen tanto con consumidores jóvenes hiperconectados como con adultos mayores que priorizan la confianza y la estabilidad.

EL NUEVO CONSUMIDOR CHILENO: RACIONAL, PLANIFICADO Y MENOS FIEL A LAS MARCAS

Ana María Palma explicó que, en el actual contexto económico, el consumidor chileno atraviesa una transformación estructural. El 61 % evita compras que no sean de primera necesidad, lo que refleja un consumidor más racional, que se centra en cubrir lo básico antes que en satisfacer deseos secundarios. A diferencia de épocas anteriores, cuando el gasto impulsivo era más común, hoy predomina la cautela y la necesidad de optimizar cada peso invertido.

A este escenario se suma la planificación: más de la mitad de los consumidores declara que organiza sus compras mediante listas previas, una práctica que ayuda a controlar el gasto y reducir el margen para las compras por impulso. Este cambio de hábito implica un reto para las marcas que antes se beneficiaban de la compra espontánea en góndola, ya que ahora deben conquistar al consumidor desde la planificación previa, ya sea en la comunicación digital, en el hogar o en los entornos online.

Otro punto clave es la pérdida de fidelidad hacia las marcas históricas. Los consumidores ya no se atan a nombres reconocidos, sino que ponen el foco en la relación precio-calidad. Si encuentran un producto alternativo que les ofrezca un beneficio similar a un menor costo, no dudan en cambiar. “Hoy, la marca ya no es garantía suficiente de lealtad: lo que manda es la conveniencia”, afirmó Palma, subrayando que este fenómeno favorece tanto a marcas emergentes como a las propias marcas privadas de supermercados.

En este sentido, el nuevo consumidor se presenta como un actor mucho más exigente, que compara, evalúa y toma decisiones con un criterio económico fuerte. Para las empresas, el desafío será entender que la fidelidad se debe construir día a día, a través de atributos tangibles precio, calidad, practicidad y de valores intangibles como confianza y sostenibilidad.

Esta presentación completa, con el detalle de datos y análisis, estuvo disponible de forma exclusiva para los participantes del Packaging Summit Latinoamérica 2025.

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Pamela Albuquerque

Pamela Albuquerque es periodista con posgrados en Marketing y Comunicación, así como en Creación Publicitaria y Planeamiento de Propaganda. Además, cuenta con un MBA en Ventas, Merchandising y Marketing, junto con una maestría en Neuromarketing. Desde 2023, escribe sobre los mercados de tissue, cartón y corrugado en América Latina, combinando su trayectoria periodística con una visión estratégica centrada en el consumidor.
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